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Sólo 4 víctimas de traumatismo ocular saben quién les disparó

Menos del 1% de las personas afectadas por el accionar de Carabineros de Chile ha podido iniciar querellas en contra de los responsables de apremios ilegítimos con resultado de lesiones graves gravísimas, ocurridos durante y posterior al estallido social de 2019.

Por Daniela Suau Contreras

Según datos recabados por las y los observadores del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), por medio de visitas e información entregada por centros de salud y unidades médicas a nivel nacional, entre octubre de 2019 y marzo de 2020 se registraron 3.838 personas heridas por la acción de agentes del Estado. De esta cifra, 460 corresponde a traumatismos oculares, ya sea por lesión o trauma, estallido o pérdida total del globo ocular.

2020/03/19 Informe INDH heridos por agentes del Estado

El drástico aumento de este tipo de lesiones durante el estallido social, a partir del uso indiscriminado, excesivo y fuera de protocolo de armas de fuego por parte del personal policial, según el Informe de la Unidad de Trauma Ocular (UTO), llegaba a los 133 casos, sólo entre el 19 de octubre y el 08 de noviembre de 2019. Según la literatura internacional –señala el informe-, la cantidad de casos advertidos en Chile a tres semanas de iniciada la revuelta social, sólo era superado por lo reportado en seis años de conflicto en Israel, entre 1987 y 1993.

Traumatismo ocular estallido social al 08 noviembre 2019

Comparativa traumatismo ocular estallido social literatura internacional

Una de las consecuencias más notorias del actuar policial durante el estallido, bien la conoce Luis Jiménez Caamaño (arriba, en la foto principal), estudiante de trabajo social en la Universidad Santo Tomás de Temuco, quien padeció la pérdida total de su ojo derecho, el 19 de octubre de 2019, producto del perdigón que le disparó un Carabinero.

Dentro de las investigaciones de víctimas de traumatismo ocular, Luis es uno de los cuatro casos en Chile donde se tiene identificado al funcionario que percutió el arma: el entonces Mayor de Carabineros de la 1ª Comisaría de Fuerzas Especiales de Temuco, Manuel Martínez López. Quien antes de darle en el rostro, le disparó en “tres oportunidades al tercio superior de su cuerpo, dolosamente con la intención de lesionarlo”, señala el acta de formalización del funcionario policial, del 22 de diciembre de 2020.

“Tenemos al chico de la calle Caupolicán, le disparamos en el ojo, ¿qué hacemos con él ahora?”

Vivir con un miedo constante es una de las sensaciones que más expresan las víctimas de traumatismo ocular. “Las distancias no son las mismas, choco con personas que no veo y tengo que andar pidiendo disculpas porque ellos no saben lo que a uno le pasó”, cuenta Luis Jiménez.

Las manifestaciones tuvieron su primera jornada en Temuco, la noche del sábado 19 de octubre de 2019, concentrándose mayoritariamente en la Plaza de Armas y la Plaza Dagoberto Godoy. Hasta este último lugar, llegó Luis para marchar junto a unos amigos.

Cuando llegué a la plaza ya estaba la embarrada, Carabineros estaba disparando bombas lacrimógenas al cuerpo de las personas y balines, incitando a que la gente se pusiera más agresiva. A los 20 minutos de haber llegado a la marcha, me llega un balín en el pecho y media hora después, una lacrimógena en las caderas, que me botó al piso. Después de eso fui a mi casa a buscar unas botellas con agua para darle a la gente, regresé y estuve en la calle como hasta las 22:30, que fue cuando ocurrió esto en Avenida Caupolicán, donde el Carabinero me dispara”, relata Jiménez.

Al momento de recibir el balín, Luis recuerda que no tuvo noción de lo que le había pasado, mucho menos que había perdido el ojo: “Yo pensé que había sido una lacrimógena que me había pegado en la cara y que no era nada, que lo más probable es que fuera la ceja. Pero cuando llegué donde los chicos que estaban en la marcha y que me ayudaron, me pasaron un paño que me puse en la cara y ellos fueron los que se dieron cuenta que había sido un disparo en el ojo”.

La pérdida de su globo ocular derecho fue inmediata, según le dijo el médico que lo examinó esa noche. Sin embargo, para ser atendido, tuvo que esperar más de una hora desde que recibió el disparo, no por demora en el centro de salud, sino porque Carabineros lo detuvo.

Cuando me llega el balín, dos o tres chicas se acercaron para llevarme al hospital y al ir caminando aparecen 3 Carabineros, me toman del cuello y uno me empieza a asfixiar. Yo me apoyé de una reja y uno me empieza a pegar con un bastón retráctil en el brazo y otro en la pierna. Mientras iba con el ojo sangrando, entre 5 a 6 Carabineros me arrastraron 50 mt. aproximadamente, porque yo soy grande, mido 1.95 mt. Me subieron a un carro donde había más Carabineros, se bajan todos, me dejan adentro y empiezan a hablar entre ellos: ‘¿Y ahora qué hacemos con él?’, les escucho decir”, recuerda.

Desde el primer momento en el que comenzaron a arrastrarlo, Luis señala que trató de mantener una conversación con ellos, explicándoles que iba al hospital, pero le respondieron que se tranquilizara, que ellos lo llevarían. Estando solo en el vehículo, escucha una conversación que estaban teniendo por radio: “Tenemos al chico de la calle Caupolicán, le disparamos en el ojo, ¿qué hacemos con él ahora?”. La sensación que Luis tuvo en ese momento, era que estaban esperando una respuesta de un rango más alto. Esperaban la respuesta de Manuel Martínez López.

Animales de rebaño

La situación vivida por Luis a manos de Manuel Martínez López, no es la única, según cuenta Sebastián Saavedra, abogado defensor de Derechos Humanos que representa a Jiménez y conocido por llevar la causa del menor torturado en el caso Catrillanca. A juicio del profesional, el actuar de este funcionario evidencia un modo de proceder desproporcionado y extremadamente cruel.

En la investigación se ha dado cuenta que ese mismo día, este mismo funcionario disparó en contra de las piernas de otra persona y después ordenó que se fuera al hospital a preguntar si había ingresado una persona con sus piernas lesionadas y efectivamente ocurrió así y se lo detuvo. Horas más tarde hizo lo mismo con Luis, por lo tanto, existe evidentemente un modo de proceder que, al menos, puede señalarse como desproporcionado y altamente cuestionado. De marcar a las personas que están cometiendo desórdenes con escopetas antidisturbios, las que obviamente tienen otro tipo de finalidad, que es repeler algún tipo de acción que violente o que pueda afectar la integridad de los Carabineros, y no estar marcando posibles detenidos como si fueran animales de rebaño”, afirma Saavedra.

Martínez López, además, también se encuentra formalizado en otra causa penal, por el delito de apremios ilegítimos en uno de los cateos que ocurrió en Temuco durante noviembre del mismo año, en el que detuvieron a tres personas, dos de ellos adolescentes. A uno de los menores de edad, una vez detenido y con las manos en la cabeza, le propinaron golpes en la espalda, glúteos, tobillos y brazos. Según el testimonio de la querella criminal presentada por el INDH, un Carabinero le hizo poner las manos al frente al menor de edad, mientras otro le pisó los dedos con sus botas.

Apremios ilegítimos

Sumado al trauma ocular que padeció Luis Jiménez, al ser detenido sufrió apremios ilegítimos, que también están configurados en su querella. Media hora después de estar detenido en el bus, llega un furgón en el que lo trasladan al CESFAM Miraflores de Temuco: “Yo iba en el vehículo con mi ojo sangrando, sin tener dónde afirmarme y de pronto perdí la conciencia, desperté un par de cuadras antes de llegar. En cuanto me bajan, me ve el doctor y dice que hay que llevarme al hospital regional, que era donde yo quería ir inicialmente cuando me detuvieron, porque estaba a apenas tres cuadras”, relata Jiménez.

Cuando Luis llegó al hospital, no lo dejaron hablar de lo que le había pasado, sino que Carabineros conversó directamente con el médico. “Son ellos quienes explican lo que había pasado, a mí no se me hizo ninguna pregunta. Estuve detenido y esposado a una silla como durante tres horas”. Lo atendieron en condición de detenido.

Tras diversos exámenes le explicaron que la probabilidad de la pérdida de su ojo era de un 80% o total de la vista. “Yo andaba sin celular y no tenía cómo avisarle a mi familia. Tuve que conseguirme un teléfono para llamar a mis papás y contarle lo que había sucedido”.

Carabineros estuvo vigilándolo hasta el otro día. Luis pasó la noche con la ropa mojada por el agua del guanaco, esposado y con el ojo sangrando. “Ni a un animal se le puede dar ese trato. Fue inhumano”. Cuando recuerda lo vivido, reconoce que le da rabia.

Lo irónico, en su caso -señala Luis-, es que lo bueno de su detención esa noche, fue que quedó registrada en el acta del turno de Carabineros de esa jornada. “En ese libro, el Carabinero que me disparó tuvo que dejar anotado que me disparó”. Según el abogado Sebastián Saavedra, los funcionarios tienen que hacer inmediatamente un acta del aprehensor, dar cuenta de las circunstancias y explicar por qué el sospechoso tiene una lesión ocular: “Es en ese momento que ellos, entrecomillas, se pisan la cola y relatan derechamente quién fue el que disparó, quién se hace responsable y por qué según ellos habían disparado en contra de este joven”.

Pero los enfrentamientos con Carabineros, no terminaron ahí. Luis Jiménez señala haber sufrido una serie de amedrentamientos, desde mensajes por redes sociales, persecuciones en la calle, disparo de lacrimógenas cerca suyo –sin haber personas ni marcha que lo justifique-, y que se ha tenido que cambiar de casa tres o cuatro veces. “La última vez fue porque hubo una alerta de bomba afuera de donde yo vivía. Últimamente me he quedado más callado”.

Carlos Falcon de OPIP

El salvavidas de Carabineros

Dos días después de haber comenzado a regir el arresto domiciliario total de Martínez López, el 02 de enero de este año, Carabineros decide ascenderlo al cargo de Subprefecto de los servicios en la provincia de Malleco. Ascenso que su defensa usó para pedir el cambio de la medida cautelar a arresto domiciliario parcial. El Juzgado de Garantía de Temuco resolvió aprobar el cambio, pero el pasado 03 de febrero, la Corte de Apelaciones revocó esta resolución.

Nos encontramos con una institución policial a la que le da lo mismo lo que disponga un tribunal de justicia tan importante como la Corte de Apelaciones de Temuco, que determinó que este sujeto actúa con dolo en contra de un joven, y a los dos días lo traslada a un cargo de mayor rango. Para qué decir el sumario administrativo, que no encontró ningún tipo de falencia y no impuso ningún tipo de medida en contra de este funcionario y, muy por el contrario, lo asciende. Esto es nada más y nada menos que el cumplimiento de la promesa de los altos mandos de Carabineros”, advierte Saavedra.

El abogado hace alusión a las palabras del exdirector general de Carabineros, Mario Rozas, quien a menos de un mes de iniciadas las protestas sociales, sostuvo una conversación en la Escuela de Suboficiales con Carabineros que regresaban de madrugada de su turno, asegurándoles que aunque lo obligasen, él no daría de baja por procedimiento policial a ningún funcionario.

Para Carlos Falcón, investigador y director ejecutivo del Observatorio de Prácticas e Instituciones Policiales (OPIP) (arriba en la foto), lo ocurrido con el ascenso de Martínez López para ser trasladado, pese a estar formalizado por dos causas, es algo que “viene repitiéndose en distintas situaciones a lo largo de la historia. Lo podemos ver con quien fuera también el asesino de Matías Catrileo, quien si bien en un primer momento no fue ascendido, sí fue trasladado al área de comunicaciones de Coyhaique. Y también, quien fuera Jefe de Zona de la quinta región, Hugo Zenteno, fuese trasladado a la zona de Aysén, luego de terminados los primeros meses de la revuelta social. También está el caso de quien hoy es diputado por la quinta región, Jorge Brito, cuando fue estudiante sufrió violencia policial y su victimario también fue trasladado”.

Según el investigador, se trata de una práctica institucionalizada, sistemática y regular por parte de las policías, donde lo que se intenta es asegurar la impunidad de los funcionarios policiales, cuando estos cometen algún delito. “Probablemente, esto va a seguir ocurriendo, porque lamentablemente Carabineros funciona desde una autonomía brutal, una autonomía que probablemente no le haya permitido, ni cuando dependió del Ministerio de Defensa, tener realmente un control efectivo. Mucho menos ahora que dependen del Ministerio del Interior, lo cual conlleva a que probablemente la última persona que realmente tuvo un control efectivo sobre las fuerzas del orden, fue el dictador Augusto Pinochet”, plantea Falcón.

Prácticas que han llevado a que hoy uno de los temas nacionales de discusión sea la eventual “refundación de Carabineros” y el proceso de descomposición que vive la institución. Uno que, en sus métodos, recuerda las prácticas de encubrimiento realizadas al interior de la Iglesia, cuando estallaron los casos de abusos y que hoy por hoy, la tiene en el lugar que conocemos: una entidad que guarda silencio y que pasó a ser casi intrascendente para la ciudadanía. Algo que las más de 400 víctimas oculares del estallido, esperan no suceda.

Recuadro 1

Recuadro 2